Autor: Dr. Carlos Zambrano 

Centro de Investigación CISET

Facultad de Ciencias Económicas y Sociales

Universidad de Carabobo


RESUMEN


En el presente artículo, se somete a discusión la visión de los estudios doctorales como eje regulador de la creación de conocimiento mediante la investigación en economía y sociedad, empleando como espacio referencial la universidad venezolana con énfasis en las áreas o facultades que forman profesionales en Ciencias Económicas y Sociales. Las reflexiones derivadas de la argumentación encuentran convergencia en la necesidad de promover los estudios avanzados en el área de intervención de manera que la investigación desde allí generada  se corresponda con la demanda social actual.

Palabras clave: doctorados, investigación, producción de conocimiento.

INTRODUCCIÓN


En el escenario social del presente siglo, la interacción instituciones-sociedad se muestra dinámica y compleja; en ella, la interdependencia de las naciones y las organizaciones emerge como una nueva realidad que reclama el contraste desde los niveles competitivos mundializado. La dinámica referida, genera profusa y densa información que se convierte en insumo fundamental para el posicionamiento de las naciones en el ámbito de los grandes centros de dominio del conocimiento y pulsa incesante el análisis y la toma de decisiones públicas y privadas. En ese plano, se evidencia un espacio cambiante, configurado por la presión política internacional para la apertura comercial así como para alianzas estratégicas de nuevo cuño, especialmente hacia los países en vías de desarrollo.


Así, en el contexto mundial hay también un movimiento sostenido de opinión -y de reconocimiento en el espacio de las más diversas instituciones- que deja ver la importancia de la educación en el proceso de transformación de la sociedad; de éste ámbito, la formación planeada así como los mecanismos de socialización que emergen en sociedad, aparecen como corresponsables de la preparación y adecuación de los cuadros profesionales mediante los cuales se apuntalan los canales para la potenciación del capital social de las naciones. Desde el mismo escenario, los países que se evidencian en los tramos intermedios de la  cadena de valor en el manejo del conocimiento, buscan posicionarse para su reconocimiento como gestores de su propio desarrollo.


En América latina, los esfuerzos por facilitar el acceso al campo de la producción de conocimiento y a sus aplicaciones para alcanzar  el impacto social deseado, se hacen desde múltiples perspectivas; una de ellas es la que corresponde a la formación de equipos de profesionales de elevada competitividad y alto desempeño, desde el plano de los cursos de postgrado y de la investigación en las instituciones universitarias, como arista de confluencia para la generación de comunidades de práctica capaces de emprender la transformación de sus ámbitos de acción y aportar pautas de carácter teórico u operacional que contribuyan a la ampliación del conocimiento consolidado o bien a la creación de nuevo conocimiento.


En Venezuela, una ya larga tradición en la acción de perfilar profesionales en distintas áreas de lo disciplinar, deja ver consistencia en la oferta de formación a nivel de postgrado sostenida por la una vasta experiencia tanto en los cursos conducentes a título en las especializaciones como en las numerosas maestrías que configuran el dossier de opciones académicas que cierran filas para adaptarse permanentemente a las nuevas demandas del entorno social venezolano y a los requerimientos de los centros especializados en investigación. No ocurre igual en la tradición que se tiene como referencia para la formación de doctores; esta área, con vieja data en instituciones consolidadas de nuestra educación Universitaria, tiene respuestas reconocidas en componentes del conocimiento humano también de afincada tradición universitaria, quedándose soslayada la demanda de formación a este nivel de los profesionales que, por ejemplo, fueron formados en los pregrados de Ciencias Económicas y Sociales.


Es en este segmento de la interacción estado-universidad-sociedad donde se mueve el interés de hacer prospectivo un estadio de acciones institucionales que armonicen las posibles respuestas a la demanda social representada por la formación de investigadores a nivel doctoral, con énfasis en el campo de las Ciencias Económicas y Sociales.


En el caso específico del eje de desarrollo donde se ubica la necesidad sentida de formación de profesionales a nivel doctoral,  las opciones que se ofrecen desde las universidades nacionales no dan cobertura a las expectativas de la gran cantidad de egresados de diversas áreas de conocimiento cuyo interés se mueve hacia los doctorados vinculados al campo disciplinar de las ya mencionadas.


Por otra parte, en el radio de incidencia inmediata de la Universidad de Carabobo, vista en la potencialidad  socioeconómica que muestran los estados Carabobo, Aragua, Yaracuy, Falcón, Guárico, Cojedes, la configuración de un segmento espacial y político, con evidentes connotaciones en la dinámica económica nacional; con una amplia planta industrial instalada, extensos espacios de costa con alto potencial turístico, considerables zonas de producción agropecuaria, un puerto de calado reconocido mundialmente, un aeropuerto internacional, vías de comunicación terrestre ya consolidadas y un denso índice poblacional,  abren la perspectiva institucional para atender un requerimiento social relacionado con la formación de cuadros de alto nivel en áreas que corresponden por historia y tradición a la universidad venezolana.


El aludido requerimiento, constituido como necesidad de formar investigadores a nivel doctoral, en el campo de las Ciencias Económicas y Sociales, se configura entonces como un área de acción en la cual la respuesta resolutiva se ubica en las instituciones universitarias que forman desde el pregrado a estos profesionales.


Es en ese contexto que se genera la reflexión desde el presente artículo, cuyo eje de interés es la formación de investigadores de alto nivel, de manera que se potencie para asociarse al marco estratégico institucional del país, asumiendo un rol protagónico concordante con las políticas de desarrollo nacional; esta posición, facilitará la evaluación rigurosa de las decisiones políticas que se tomen en el ámbito institucional y extrauniversitario,  formulando alternativas, con el fin de que el país pueda evolucionar de una manera soberana y acorde con principios de equidad social, desarrollo cultural en el marco del respeto y amor por el equilibrio entre el sistema mundo humano y la naturaleza.


La necesidad colectiva


La Universidad venezolana que se ubica en la región central del país, con amplio reconocimiento regional, nacional e internacional, con larga data aportando esfuerzos que se concretan en la pléyade profesional egresada de sus aulas a nivel de pregrado y postgrado, con énfasis en aquellas que cuentan en sus estructuras organizacionales con áreas de conocimiento inherentes a las Ciencias Económicas y Sociales, en cuyo seno se mueve de manera orgánica y productiva el aporte de los docentes investigadores, como canal de performatividad para los egresados y para otros profesionales que acuden a sus instalaciones y servicios, así como un referente actual de contribuciones con los más relevantes proyectos de desarrollo, gestión y transformación en lo local y regional, debe en correspondencia con la misión visión y valores de la Universidad, en alianza estratégica con las instancias propias de los Estudios para Graduados, las  Direcciones de Investigación y Producción Intelectual, las dependencias que componen los estudios de Postgrado de las áreas o facultades ya aludidas, así como las instancias operativas de investigación -en desarrollo o ya consolidadas-, asumir una estrategia que permita responder a la  manifiesta necesidad de atender a egresados y profesionales que acuden a la institución  en búsqueda de espacios de formación de nivel doctoral para perfilar sus competencias en el campo de la investigación propia de las Ciencias Económicas y Sociales, a los fines de constituir aristas formales para hacer aportes tanto en los contextos teóricos, prácticos y operacionales de las diversas disciplinas que le sirven de marco.


Esta direccionalidad, incluye lo atinente a ampliar el dominio cognoscitivo de los profesionales que ya poseen título de especialización o maestría para responder a las exigencias de la conducción exitosa de organizaciones públicas y privadas, con o sin fines de lucro, generando aportes para la creación de nuevas cosmovisiones económicas, gerenciales,  administrativas o sociológicas, así como la formación de investigadores que actúen a partir de sus sistemas cognitivos y axiológicos necesarios para asumir la transformación del país, haciendo confluir en su actuación el dominio de los saberes, la voluntad y el sentimiento, que demandan  los cambios de hoy, tanto a nivel del contexto nacional como internacional.


En el marco de la reflexión precedente, la acepción del compromiso institucional, se constituye así en un puntal para profundizar el mandato normativo todavía vigente de la Ley de Universidades (Congreso de la República, 1970) que establece:


Artículo 2: Las Universidades son instituciones al servicio de la Nación y a ellas corresponde colaborar en la orientación de la vida del país mediante su contribución doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales.


El contenido de la Ley, asigna una clara función a la universidad y desde la perspectiva de su rol protagónico en la sociedad, la institución asume el compromiso y se involucra en el diseño de nuevos espacios para consolidar los aportes que de ella se esperan en sociedad. Tal convicción, consigue también fuerte apoyo legal en el contenido del Artículo 3 de la citada Ley, en el cual se expone que:


Artículo 3: Las Universidades deben realizar una función rectora de la educación, la cultura y la ciencia. Para cumplir con ésta misión, sus actividades se dirigirán a crear, asimilar y difundir el saber mediante la investigación y la enseñanza; a completar la formación integral iniciada en los ciclos educacionales anteriores; y a formar los equipos profesionales y técnicos que necesita la nación para su desarrollo y progreso.
Bajo el planteamiento normativo citado y en cumplimiento de su misión de formar los equipos con amplio dominio de los saberes, de la ciencia y la tecnología, se justifica asumir los diseños de estudios doctorales en Ciencias Económicas y Sociales como una opción resolutiva de la problemática de investigación en la universidad; mediante ellos, la institución universitaria estaría contribuyendo a consolidar el talento humano venezolano, acción que se plantea a la luz de la necesidad de apoyar el desarrollo social y económico del país, a través de los planes y programas para el fomento de los dominios cognoscitivos y el desarrollo de las competencias para la investigación científica y social; factores de interés común para la universidad y su entorno de interacción.


Esta decisión acompañada con el concurso de los diversos sectores de la vida nacional, derivadas de la participación en el proceso de cambio y transformación social de los egresados de las diversas áreas que se cursan en el postgrado de la universidad contribuiría al fomento y desarrollo de estudios avanzados en el área, promoviendo actividades para ampliar los perfiles de los graduados universitarios, en función de las exigencias sociales, desde el campo comunitario, empresarial, industrial y de las diversas organizaciones dinamizadoras de la sociedad, en áreas que se evidencian como de interés compartido; del papel protagónico que cumple la universidad en el asesoramiento a los diversos órganos del poder público, a los gobiernos regionales y municipales, así como a la comunidad local, regional y nacional, en las áreas relacionadas con la investigación científica y tecnológica que desarrolla la Universidad y, finalmente, como una fuente para alcanzar la excelencia en la utilización de los recursos financieros y materiales administrados por la institución, así como para maximizar el aporte del capital intelectual, en función de las distintas variables que intervienen en el proceso educativo a nivel universitario.


Se concibe entonces, los estudios doctorales en Ciencias Económicas y Sociales, para responder a un requerimiento social y a una necesidad institucional, entendidos con la finalidad, no sólo de elevar el nivel académico de la Universidad, mediante la generación de un sistema organizador de la producción de conocimiento, surgido de los procesos investigativos, de  las demandas organizacionales de un entorno cada vez más complejo  como consecuencia de la evolución de la sociedad, sino de proveer la formación de investigadores requeridos por el país en campos socioeconómicos y administrativos, que sean capaces de adoptar un actitud crítica reflexiva, racional, eficiente en la producción, transferencia social y valoración del retorno institucional  del conocimiento.


La opción resolutiva


Los estudios doctorales en Ciencias Económicas y Sociales, implican la aceptación de una base curricular flexible, orientada a potenciar procesos para desarrollar las competencias investigativa de los participantes, combinando la puesta en escena de enfoques alternativos de escolaridad, apoyados en el uso de las más avanzadas aristas de las tecnologías de información y comunicación,  para dar soluciones específicas o generalizables, orientadas a responder a las necesidades de las organizaciones que interactúan en la dinámica social nacional con énfasis en las diversas áreas de las Ciencias Económicas y Sociales.


Esta concepción de los estudios doctorales en Ciencias Económicas y Sociales, está enmarcada en las políticas que el Estado venezolano ha formulado para garantizar una educación equitativa y de calidad para todos, cumpliendo de este modo el precepto que universaliza este derecho más allá del esfuerzo meramente compensatorio que caracterizó al enfoque tradicional de formación de investigadores de alto nivel.


Por lo anterior, este nivel de formación doctoral en Ciencias Económicas y Sociales, deberá utilizar diferentes estrategias metodológicas, tanto las presénciales como las virtuales. Es decir, se apoyará en un sistema de gestión de conocimiento mixto, aprovechando las ventajas de la tecnología para facilitar el acceso a todo tipo de información y ofrecer canales de comunicación e interacción no solo entre los estudiantes que participen en estos doctorados sino a otros miembros de la comunidad universitaria del país o del mundo.


Desde ésta perspectiva, se aspira la construcción de un nodo de encuentro con las instancias de generación de conocimiento y un canal para el acceso a la información de alto nivel en el área de pertinencia del doctorado,  respondiendo así de manera rápida y adecuada a las circunstancias cambiantes de su entorno y a la formación de profesionales de elevada competencia cuyo aporte social se oriente a mejorar y ampliar las instancias para el ejercicio de la participación democrática en el marco del proceso de reconstrucción del Estado venezolano así como en la puesta en escena del contenido social del derecho, de la equidad y la justicia, como mandato prioritario de la Constitución Bolivariana de Venezuela (1999).


Ámbito de generación.


Los referentes más recientes inherentes a la propuesta para el diseño de estudios  doctorales en Ciencias Económicas y Sociales, tienen como eje focal la indagación evaluativa de la cultura investigativa en la universidad, con énfasis en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FaCES) de la Universidad de Carabobo. Esta revisión implicó dos grandes subprocesos de intervención: i) un trabajo de campo, desde el cual se valora la necesidad sentida de formación de investigadores a nivel doctoral; ii) revisión documental hecha sobre las investigaciones más recientes que examinan la cultura investigativa en FaCES; esta segunda arista se orientó a la discusión y valoración de información proveniente de dos estudios emblemáticos llevados a cabo en el contexto institucional de la Facultad; el primero de ellos es el presentado por Congreso en el cual el examen exhaustivo de la situación que evidenció la función investigación en la Facultad, condujo a aceptar la realidad del proceso investigativo y la cultura que le es propia, contemplando, tal como lo señalan los autores citados, “…la identificación  de las expectativas investigativas de la comunidad de Faces consultada: docentes y estudiantes; cuyos resultados muestran una percepción de bajo nivel de la cultura investigativa”. El estudio referido, deja ver como indicadores relevantes lo siguiente:


En una muestra de 332 sujetos, más del cincuenta por ciento (50%) percibe que Faces se caracteriza por realizar investigaciones; sin embargo, para la muestra restante existe un 31.92 % que, o no lo percibe así, o le es indiferente; o simplemente  no respondió. En lo concerniente al “Que hacer” de la investigación, el estudio reveló que en Faces se privilegia la docencia, dándose menor énfasis a la investigación (68.85%).  Asimismo, se evidenció que no existe una cultura investigativa claramente definida (34.33%) respondió estar de acuerdo o totalmente de acuerdo).


Las cifras expresan en su esencia la necesidad de acometer un proceso acelerado y asertivo de reacomodo de la concepción que tiene la Facultad respecto a la investigación; como un agregado derivado de la investigación aludida, los autores señalan que hay evidencias para afirmar que “de la muestra de docentes consultados, un número limitado de ellos (9.39%) participan en actividades de investigación” (p. 31).


Respecto a la receptividad que dan los sujetos muestrales a las actividades asociadas a investigación, las evidencias conseguidas en el estudio de Ferreira y Osío,  señalan que 81.92% tiene aspiraciones en que la Facultad asuma la investigación como eje rector de todos los procesos académicos, cuestión que representa una elevada expectativa sobre el posicionamiento de la investigación dentro de la Facultad.


Los resultados de la investigación citada, confluyen en evidenciar la necesidad de propiciar un espacio relacional para la investigación en términos de visión sistémica, de modo que se articule el pregrado, el postgrado y se vea la producción de conocimiento desde el doctorado como canal articulador de la producción investigativa en la Facultad.


Las connotaciones del estudio citado conducen a valorar como urgente la redimensión de la investigación en la Facultad y el eje referencial  está constituido por los estudios doctorales, de forma tal que estos recojan, bajo el enfoque sistémico, la potencialidad de integración de la investigación en Ciencias Económicas y Sociales.


El segundo estudio de interés es el presentado por Márquez y Zambrano (2005), sobre las comunidades de práctica investigativa en la universidad venezolana; en el mismo se plantea que en foros de distinta índole y temática, en los que se analizan los diferentes aspectos del desarrollo, se coincide en señalar que en la educación radican, en gran medida, las poten­cialidades y perspectivas futuras de la humanidad.


Sin embargo, aunque es claro que el nivel educativo y el avance de cada nación están intrínsecamente vinculados, también se entiende que la educación no puede por sí sola lograr efectos y resultados que modifiquen sustancialmente las condiciones de vida de la población; esta expectativa es respondida cuando la educación viene acompañada de acciones de transformación social que evidencien impacto positivo de ésta en la sociedad, tales acciones indefectiblemente se derivan de las actividades de investigación y de la transferencia social del conocimiento.


Adicionalmente, según los autores citados, cabe destacar que en la actualidad, en diversos contextos sociales se interroga a los sistemas de educación Universitaria, espacio que se tiene como ámbito referencial de lo educativo formalizado de las naciones (Lanz, 2005), en términos de exigir de ellos una pertinencia social más contextualizada; este reclamo se hace mucho más severo en los países cuya dinámica socioeconómica e industrial muestra niveles de rezago, ámbitos que, según Zambrano (2000), está referido a los países que, aún siendo poseedores de recursos en los cuales se emplea tecnología de punta, evidencian indicadores de desarrollo que los ubican como “subdesarrollados”.


En todo caso, la advertencia que se hace sobre el reclamo social a la educación, implica una considerable estimación de la importancia que representa para cualquier  nación el producto educativo -o lo que éste comporta-, siempre que se trate de valorar una función diferenciada de aquella que se orienta a la formación del ciudadano crítico y transformador así como la comprensión que, respecto al proceso educativo, tienen los actores sociales que se mueven en su entorno.


Para Zambrano y Márquez (ob. Cit), en general, en el escenario mundial, los sistemas de educación Universitaria, es decir aquellos que se configuraron para la formación de profesionales en las diversas disciplinas del conocimiento, sean de carácter científico social, atinentes a las ciencias puras, a las ciencias naturales o a las ciencias humanas, vienen recibiendo tanto críticas como reconocimientos, no sin ubicar sus elementos constituyentes en lo que se denomina arquitectura sistémica del plano tecnoformativo; en este ámbito, un primer macro sistema muestra la característica para la formación de la generalidad del ciudadano, allí se identifica la llamada educación general nacional, que abarca la educación inicial, la educación primaria, el bachillerato y la educación técnica; este segmento de interés, en el caso venezolano,  es administrado, manejado y controlado por el Ministerio del Poder Popular para la Educación; pero en el espacio nacional se evidencia, jurídica y socialmente legitimado un segundo sistema, hecho hoy muy particular, en el cual confluyen entidades de formación tecnológica o humanística, como los institutos tecnológicos y los colegios universitarios, las universidades politécnicas, universidades públicas experimentales, universidades privadas y universidades públicas autónomas; es la Educación Universitaria, que dispone de un aparato administrativo y de control reunido en un ministerio gubernamental denominado Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria. En la simbiosis del enfoque político de ambos sistemas, están contenidas las estrategias y la gestión para la formación de los cuadros medios y de profesionales que participarán en la transformación del entorno social. Esta última función, la de formar profesionales, se asigna a las instituciones universitarias y, en ellas, tal tarea se complementa desde otra signada como producción y difusión del conocimiento o las llamadas funciones de investigación y extensión, planos de actuación para las universidades tal como lo contempla la Ley de Universidades (1970).


En el marco del escenario que se tejió con la exposición precedente, es necesario señalar que la función investigación se estima como el centro de interés de la cultura institucional en las universidades u organizaciones adscritas al sistema de Educación Universitaria, no sin observar que existen otras instancias desde las cuales se genera también investigación enfocada en el plano del trabajo investigativo de los actores sociales que tienen la condición de docentes investigadores.


Por otra parte, la función investigación  adquiere, como proceso, un nivel estimable en tanto se constituye, en el deber ser, como eje dinamizador de los cambios y transformaciones sociales, incluso de las teorías que soportan lo disciplinar en diversas áreas de las ciencias, sean naturales o humanas. Por ello, en la caracterización de la sociedad actual se dice que el conocimiento es ya un bien que indica el nivel de poder de las naciones, pues la sociedad ha pasado de ser una instancia de exaltación del industrialismo y la tecnología a certificar el valor del capital intelectual como matriz de la ya aceptada noción colectiva de una “sociedad del conocimiento”, ámbito en el cual ciertamente la educación tiene una preponderancia resaltante y desde ella emerge la relacionalidad de su extensión con el trabajo investigativo y la cultura de investigación.


Al respecto, es conveniente reflexionar sobre las impli­caciones que el trabajo investigativo  tiene en cada uno de los factores de­terminantes del desarrollo, porque lo que está consensuado es que, transformado en saberes, información y formación, el producto de la tarea investigativa incide de manera directa, con fuerza tensional y pro­porciones diferentes, en los factores dinamizadores de la sociedad y prácticamente en todos los órdenes de la actividad humana.


De igual forma, es necesario considerar que ahora el paradigma (Kuhn, 1962) de la educación, se define por una noción muy diferente de la tradi­cional en la que se consideraba a ésta como la transmisión de conocimientos y valores de una generación a otra. Su enfoque actual se orienta por el concepto de educación a lo largo de la vida, o en todo caso: formación permanente, en la que se considera indispensable su interrelación con la ciencia, la tecnología y su participación en la construcción del conocimiento, así como sus efectos en la sociedad, en sus hábitos y costumbres, en la manera de ver al mundo y su naturaleza, particularmente, en la concepción globalizadora que determina hoy a la economía, la cultura y la política, configurándose con tal acepción una conjunción de elementos que, más allá del alcance de aparato educativo formal, le asigna connotaciones, como ya se dijo, de sistema tecnoformativo.


Vista desde los criterios expuestos, se plantea a la educación como el instrumento más eficaz para concretar accio­nes sociales de trascendencia y para lograr la construcción de una sociedad con criterios más sólidos y consistentes, y en consecuen­cia, como la estrategia más acertada para modificar las condicio­nes de calidad de vida de la población y agenciar los procesos de intervención que faciliten elevar sus niveles de desarrollo humano.


En este marco criterial, a la educación universitaria se le asigna, tal como se ha venido planteando,  una función compleja cuyo eje motor es la de producir, difundir y transferir el conocimiento a los escenarios sociales. Sin embargo, cuando se examinan los índices comportamentales de las instituciones que se encargan en el país de la actividad tecnoformativa y de investigación, las valoraciones que se observan, indican una concentración de los índices de desempeño en pocas instituciones, quedando en condición de repliegue una cantidad considerable de estas.


En tal sentido, como un primer elemento para la reflexión y orientación de la acción, se tiene la caracterización de la actividad relacionada con el trabajo investigativo en instituciones adscritas o vinculadas con el ente rector de la educación universitaria venezolana.


Los nodos de cierre


Las consideraciones ya expuestas, conducen a identificar uno de los grandes retos que enfrenta nuestro país en este comienzo de siglo: repensar las formas mediante las cuales se está desarrollando la investigación en el ámbito universitario y adicionalmente, cómo se interpreta esta función desde las comunidades de prácticas (Zambrano, 2006), entendidas tal como lo señala Vessuri (2002): los grupos formales que activan esfuerzos y recursos en la gestión del conocimiento, de manera que se pueda generar una estructura nocional que facilite tanto la comprensión del proceso como la potencialidad de reorientar los medios e instrumentos empleados para potenciar la construcción de espacios que afiancen el valor del capital conocimiento en la universidad venezolana.


Al interior de éste macro propósito, emerge un factor de relevancia que se refiere al avance del conocimiento y sus aplicaciones, cuestión que implica  considerar  la ciencia, las humanidades y la tecnolo­gía como soporte de las estrategias no sólo del crecimiento económico sino del desarrollo social y humano en el país. Por ello, la complejidad del proceso de producción y agenciamiento del conocimiento, no puede soslayarse: se trata de responder a la vez a desafíos que provienen de diferentes planos de la vida social, lo que supone retos no sólo para el sistema de educación Universitaria sino para el conjunto de la sociedad nacional y tales retos se ubican en comprender la relación que el trabajo investigativo pueda tener con instancias de socialización expresas como la cultura y la educación en tanto contextos para la construcción de un nuevo espacio cultural institucional en las organizaciones de Educación Universitaria.


Esto, implica repensar el modo como se construye el conocimiento desde el seno de las comunidades de práctica y con tal propósito, proceder a la deconstrucción y reconstrucción de las formas consensuadas mediante los cuales se gestiona el conocimiento como soporte a la creciente complejificación de la dinámica de las instituciones implicadas.


Esto, en razón a que en los últimos años los quiebres paradigmáticos, el creciente avance de la nanotecnología, fenómenos como la globalización, el avance de la ciencia, el auge de las aplicaciones tecnológicas y el creciente uso de las redes virtuales de comunicación, han generado, además de modi­ficaciones sustanciales en los espacios laborales y nuevas cosmovisiones en el pensamiento humano,  cambios significativos en los modos de producción de conocimiento, así como densas transformaciones en la concepción de la formación profesional en muchas instituciones universitarias.


En tal sentido, cabe destacar que en el contexto de la universidad venezolana, se reconoce que nuestro país está inmerso en una serie de profundos cambios que en su conjunto constituyen el proceso de transformación de la vida nacional, de sus instituciones, los marcos regulatorios, la concepción de la seguridad social y otros factores neurálgicos del quehacer nacional, proceso en el que es de urgencia reorga­nizar el esfuerzo del aparato tecnoformativo y de investigación nacional, en todos sus niveles, orientándolo hacia la búsqueda de respuestas a las necesidades locales, acercando la producción científica a los problemas y realidades del entorno más inmediato, fomentando la participación de todos los sectores de la comunidad científica nacional en la discusión de los aspectos relevantes asociados al trabajo investigativo, destacándose aquellos que se requieren para construir el cambio en el enfoque del desarrollo en todas sus vertientes, que puede sustentarse en el proyecto de nación, que defina políticas públicas orientadas a forta­lecer las tareas de recrear la urdiembre trabajo-cultura-educación como triada derivada de los cambios gestados en la ciencia, la tecnología y la sociedad  misma.


No obstante  la dimensión del reto aludido, cabe preguntarse también cómo se interpretan los elementos categoriales: educación, investigación,  conocimiento, en el marco del proceso investigativo y cuáles acepciones tienen los espacios para recrear los saberes y posicionar nuevos conocimientos en los centros de educación Universitaria que destinan su esfuerzo principal hacia la formación de profesionales universitarios.


Esta expectativa reclama examinar los avances en ma­teria educativa y en el conocimiento de los modelos de formación de recursos humanos de alta capacitación y elevada competencia,  de revisar los proyectos referidos a la calidad de la tecnoformación, de la formación humanística del egresado universitario y de realizar indagaciones al interior de las instituciones formadoras de profesionales, a objeto de develar, a partir de los elementos culturales de tales organizaciones las formas de organizar el trabajo investigativo y la manera como se perfilan las ofertas de formación de los investigadores de alto nivel.


REFERENCIAS


Congreso de la República (1970). Ley de Universidades.
Ferreira, J. A. y Osío, N. (2004).  La investigación en el proceso de formación de pregrado: un enfoque sistémico. Trabajo de Ascenso no publicado. Universidad de Carabobo. Valencia, Venezuela.
Kuhn, T. (1962). La estructura de las revoluciones científicas. Ediciones UTEHA: Buenos Aires.
Lanz, R. (2005). Postmodernidad. El pensamiento de Michel Mafessoli revisitado. Editorial Monteávila Latinoamericana. Caracas (comp.).
Márquez, C. R. y Zambrano, C. (2005). Comunidades de práctica y producción de conocimiento en la universidad venezolana. Trabajo de ascenso no publicado. Universidad de Carabobo.
VESSURI, H. (2002). El ejercicio de la observación sociotécnica. A propósito de los observatorios de ciencia y tecnología. En: Cuadernos del Cendes. No, 51.  Septiembre- diciembre (1-17).
Zambrano, C. (2000). Desempleo, sistemas tecnoformativos y reconstrucción conceptual en la formación de recursos humanos. Tesis Doctoral. Universidad de Carabobo. Valencia, Venezuela.
Zambrano, C. (2006). Comunidades de práctica y gestión de conocimiento. Memorias del V Congreso de Investigación de la Universidad de Carabobo. Valencia. Venezuela.