Autora: Lic. Tibisay Vargas.
Doctorado en Ciencias de la Educación. UNERG

 

 

 

RESUMEN
Cuando abordamos el término Transdisciplinariedad, nos ubicamos epistemológicamente en aquella postura que integra saberes a fin de superar las limitaciones que el pensamiento disciplinar impone, y, equivocadamente se le otorga una data de contemporaneidad que, en revisión al pensamiento humano evidencia mayor antigüedad. Así pues, encontramos que en el lejano oriente, y en el lejano tiempo correspondiente al sexto siglo antes de Cristo, el filósofo Lao Tsé, contemporáneo de Confucio, entregó en su obra, el Tao Te King, un compendio de educación, ciencia y ética, que generó una corriente filosófica denominada Taoísmo, de asombrosa vigencia, que puede ejemplificar una integradora concepción teórica del conocimiento que bien puede tocar el discurso contemporáneo en las aulas. El saber educar en la transdisciplinariedad compromete incluso, el integrar cabalmente saberes que no son necesariamente académicos, pues los colectivos sociales son ricos en tradición y prácticamente están al alcance de todos, constituyéndose así en una forma natural de conocer la humanidad, y generar una nueva ciencia que acceda a una integradora concepción teórica del conocimiento.
PALABRAS CLAVE: Transdisciplinariedad, Taoísmo, Educación, Conocimiento, Colectivo Social.

 

Educación Transdisciplinar: asunto presente
En los albores de este siglo XXI, que ya ha transitado más de una década, lo disciplinar resulta una postura epistemológica francamente escasa para sostener el dinamismo científico característico de estos tiempos del holismo y la cuántica. Emerge así el pensamiento transdisciplinar como el gran puente integrador de saberes que le permitirá a la humanidad comprender sus cambios y ajustarse al ritmo de los mismos, pues la fluctuante necesidad de congeniar lenguaje, educación y comprensión, urge en el delicado e intrincado hacer contemporáneo.
La necesidad de educar en la Transdisciplinariedad, supone no sólo derribar las cercas levantadas por lo disciplinar, sino saber integrar cabalmente saberes que no necesariamente sean académicos, ya que la riqueza conceptual y lingüística de los colectivos sociales, ricos en tradición, y francamente al alcance, constituyen un fértil campo para el desarrollo de la nueva ciencia, aunada a la natural forma de conocer de la humanidad. Ya señala Balza (2011):
El proceso natural del conocer humano es un ejercicio hermenéutico que enfatiza en el significado de un conocimiento nuevo y emergente a través de una interacción dialéctica. Ergo se puede afirmar, que lo transdisciplinario viaja en la metáfora presente en un movimiento del pensamiento abductivo que va de las partes al todo y del todo a las partes. (Pág. 87)
Dicha postura implica construir desde las aulas nuevos caminos metodológicos que permitan la comprensión y adecuación transdisciplinar, una nueva racionalidad científica que acceda a una integradora concepción teórica del conocimiento, así como una visión holística de la vida.

Educación Transdisciplinar: asunto pasado

Este cauce de ideas expuestas, bien pareciera obedecer a una postura absolutamente contemporánea, a una necesidad de nuevos tiempos, más, remontando río arriba, y en la orilla opuesta al occidentalismo, encontramos un hombre cuyo nombre significa literalmente “El Viejo Maestro”: Lao Tsé. Su biografía aún se discute, así como su nombre se desconoce, sin embargo, este pensador chino, padre del taoísmo y posible contemporáneo de Confucio en el siglo VI a.C., entregó en su obra, el Tao Te King, un camino (eso significa literalmente Tao) holístico, que integra ética, ciencia y educación de asombrosa vigencia, y donde el lenguaje cobra literalmente vida, fluctuando en lo abstracto y concreto que nos conforma:
El Tao es algo confuso e intangible. Es confuso e intangible, pero tiene formas. Es confuso pero brillante porque abarca muchas cosas. Es profundo y oscuro pero contiene una esencia. Esta esencia es verdadera. Desde los tiempos más remotos conserva invariablemente su nombre. Es el origen de todos los seres. (Pág. en línea)
Aun cuando a la educación taoísta se le pueda ubicar en un nivel metafísico, que, manifestando lo importante de vivir de acuerdo al Tao, abandonando una realidad de contrarios para alcanzar la unidad, donde no existen enfrentamientos, sino una gran síntesis del todo, y ello, permitiendo a la mente el libre albedrío, fluir el pensamiento a través de la no acción, y cediendo así a la propia naturaleza del espíritu, donde mora lo permanente. Ello lleva, evidentemente a considerar la educación taoísta como una inagotable fuente de riquezas reflexivas para la construcción de caminos metodológicos que rompan las lógicas científicas, todo en un afán de darle merecida y particular profundidad a la ciencia.

Educación Transdisciplinar: ¿asunto futuro?
Desde 1930, fecha del cambio fundamental de la economía venezolana por el boom petrolero, se inició un movimiento de reforma educativa, donde el primer paso fue un incremento general de la educación y la aparición de la educación técnica, así como la reestructuración de la educación secundaria orientada con una nueva metodología de la enseñanza, y, por supuesto, un incremento de la enseñanza científica y experimental en las universidades. Es entonces, cuando en 1940, la nueva Ley de Educación Nacional, en su definición de la educación, expresa que la misma es un proceso integrador del individuo desde el punto de vista de su desarrollo biológico y de su desenvolvimiento mental y moral. Evidentemente se trató de un plan a largo plazo, pero con sostenida intención, pues la salida de la situación política de la época, a la muerte de Gómez, así lo ameritaba. El futuro del país tomaba entonces visos de modernidad.
En la marcha, en 1944 se elaboraron nuevos programas educativos, todos tendientes a una “escuela nueva”, y la guía del Dr. Prieto Figueroa sistematizó sus principios como filosofía educativa del estado venezolano, que aspiraba superar la tesis del humanismo racionalista pues éste desvinculaba al hombre de su medio, de su época, y del practicismo que producía técnicos deshumanizados. La educación así concebida, presumía una tesis futurista de ambiciosa envergadura que, salvando seis décadas nos encuentra aún en un punto de partida que sigue sosteniendo la mirada hacia el futuro, pues, el artículo 3 de la Ley vigente reza:
La presente Ley establece como principios de la educación, la democracia participativa y protagónica, la responsabilidad social, la igualdad entre todos los ciudadanos y ciudadanas sin discriminaciones de ninguna índole, la formación para la independencia, la libertad y la emancipación, la valoración y defensa de la soberanía, la formación en una cultura para la paz, la justicia social, el respeto a los derechos humanos, la práctica de la equidad y la inclusión; la sustentabilidad del desarrollo, el derecho a la igualdad de género, el fortalecimiento de la identidad nacional, la lealtad a la patria e integración latinoamericana y caribeña.
Se consideran como valores fundamentales: el respeto a la vida, el amor y la fraternidad, la convivencia armónica en el marco de la solidaridad, la corresponsabilidad, la cooperación, la tolerancia y la valoración del bien común, la valoración social y ética del trabajo, el respeto a la diversidad propia de los diferentes grupos humanos. Igualmente se establece que la educación es pública y social, obligatoria, gratuita, de calidad, de carácter laico, integral, permanente, con pertinencia social, creativa, artística, innovadora, crítica, pluricultural, multiétnica, intercultural y plurilingüe. (Pág. en línea)
Si bien lo expuesto evidencia la comprensión de que el gran cambio se dará Integrando (con mayúscula), no es menos cierto que, con la práctica disciplinar que aun priva en la praxis educativa, todo queda en el papel, en una feliz utopía futura cual zanahoria que pende siempre frente al caballo en marcha. ¿Dónde reside pues la clave del cambio? Evidentemente en la ejercitación de la propuesta, en la apertura para su asunción, en el valor para traspasar las barreras, la osadía para tomar las propuestas, y la inteligencia para comprender que todo está interconectado, que todo es interdependiente, plural y accesible. ¿Que todo ello reposa en un futuro aún lejano? Queda por verse… allí está el papel. Aquí está el hombre.

El Todo compartido de la filosofía Taoísta y la Transdisciplinariedad

La tradición occidental de separar objetos de estudio en la creencia de que es preferible estudiarlos de manera independiente y puramente objetiva, es la piedra de tranca, la verdadera razón que imposibilita ser consecuentes con las interesantes propuestas escritas que pretenden un individuo integral, un mundo, valga la redundancia implícita, verdaderamente holístico.
Tanto la filosofía taoísta, como la Transdisciplinariedad, comparten el reto a diversas teorías tradicionales de occidente. Ambos sostienen que nada se puede estudiar eficientemente, si se aborda de forma meramente objetiva e independiente. Es más, nosotros mismos, dependientes de nuestras circunstancias, creamos objetos de estudio que a su vez dependen de nosotros por ser parte de las circunstancias que los posibilitan, entonces, ni uno ni otro escapamos de la complementariedad, ya que creamos y somos creados por la compleja, dinámica, recursiva y procesual circunstancia de nuestra existencia.
Tanto la Transdisciplinariedad como el Taoísmo, plantean que los conocimientos dependen unos de los otros, por lo cual, al estudiar diferentes eventos, es necesario contextualizarlos así: interdependientes. Ello conlleva a conocerlos de una forma menos reduccionista, mucho más rica y compleja. El Taoísmo filosófico emplea frecuentemente la frase “volver a nuestra raíz”, y con ello se refiere a un estado mental-corporal que denominamos equilibrio, consistente en la unión-complementariedad de la mente y el cuerpo. Muy a propósito de éste equilibrio reza el Tao: “Quién conoce su esencia masculina, y se mantiene en el principio femenino, es como el arroyo del mundo”. Esta valiosísima metáfora, es la clave para el cambio. En palabras de Balza (2011) citando a Locke (2005): “Las palabras son los signos sensibles de las ideas, puesto que indican convenciones y conciertos” (Pág. 90)
El desafío que plantea abordar la problemática disciplinar educativa, tiene la larga data de dos milenios. Cabe pues esperar, en que este remozamiento de arcanas filosofías que reposan en la propuesta transdisciplinar que toca el discurso contemporáneo en las aulas, comience a practicarse, a ser sensiblemente detectado en los actos, o, mejor aún, en la reconstrucción lingüística del ciudadano común, punto de partida de todo cambio, pues cabe acuñar con toda propiedad: somos lo que decimos.

Referencias
Balza, Antonio (2011). Complejidad, Transdisciplinariedad y transcomplejidad. Los caminos de la nueva ciencia. San Juan de los Morros: Fondo Editorial Gremial.
Lao Tse (2013) Tao Te King. [Página en línea], Disponible: http://usuaris.tinet.cat/elebro/tao/tao2130.html [Consulta 2013 Mayo, 16]
Venezuela (2013) Ley Orgánica de Educacion. [Página en línea], Disponible: http://www.urbe.edu/portal-biblioteca/descargas/Ley-Organica%20de-Educacion.pdf [Consulta 2013 julio, 16]