Autora: Msc. Kenia Daniela Cruz Cabrera
Doctorado en Ciencias de la Educación UNERG

 

 

 

La falta de motivación académica, en lo que respecta a la formación en economía, se ha convertido en uno de los factores centrales que pueden explicar algunas situaciones problemáticas que se están viviendo en la educación universitaria. Y es que la desmotivación de los estudiantes puede ser tanto una consecuencia de los cambios y transformaciones que ha sufrido la sociedad en los últimos años y que el sistema educativo todavía no ha sido capaz de asumir, como también un factor desencadenante de ciertos problemas y conflictos que se producen en las universidades.

Además de los aspectos relacionados con los contenidos y su enseñanza, no hay que olvidar que los cambios que se han producido en los últimos años en la educación han supuestos modificaciones importantes en cuanto a la manera de entender el aprendizaje y también con respecto al papel desempeñado por el estudiante dentro de ese proceso. El centro de atención ya no es el profesor y la enseñanza, sino que el principal papel protagonista lo pasa a desempeñar el estudiante y el aprendizaje, concebido este último no como un proceso de reproducción mecánica de lo que se enseña, sino como un proceso de construcción de conocimientos. Bajo esta perspectiva, también la motivación deja de contemplarse exclusivamente como algo externo del estudiante, como una especie de entidad que debe estar presente en cada tarea, como algo que puede dispensarse de modo dosificado por el profesor, pasando a convertirse en algo que está en el propio estudiante. Por tanto, aquí estamos ante un nuevo problema motivacional, en este caso vinculado personalmente con el estudiante.

Constantemente se manifiesta la preocupación de los profesionales de la enseñanza por la falta de motivación en los estudiantes de economía no sólo para que estudien sino para que aprendan, hagan suyo el conocimiento y de esa forma desarrollen su personalidad.

En las últimas décadas, los investigadores se han interesado más por el contexto que por las características peculiares de la motivación. Así pues, desde una perspectiva socio-cognitiva se ha tendido a considerar el contexto como un factor que influye en la construcción de la motivación. Hablamos de contexto cuando tenemos en cuenta: La familia, la escuela, la universidad, el aula, la comunidad, los compañeros, la etnia, la cultura, el país en que se educan los estudiantes.

La motivación del aprendizaje académico es un tema en el cual el investigador, está comprometido a realizar un gran esfuerzo en la búsqueda de estrategias y fórmulas que le permitan contribuir a que el estudiante acceda al aula con motivos suficientes que le permitan afrontar el proceso de enseñanza.

La motivación es un aspecto de enorme relevancia en las diversas áreas de la vida, entre ellas la educativa y la laboral, por cuanto orienta las acciones y se conforma así en un elemento central que conduce lo que la persona realiza y hacia qué objetivos se dirige. De acuerdo con Santrock (2002), la motivación es “el conjunto de razones por las que las personas se comportan de las formas en que lo hacen. El comportamiento motivado es vigoroso, dirigido y sostenido” (p. 432).

Según Bisquerra (2000): “La motivación es un constructo teórico-hipotético que designa un proceso complejo que causa la conducta. En la motivación intervienen múltiples variables (biológicas y adquiridas) que influyen en la activación, direccionalidad, intensidad y coordinación del comportamiento encaminado a lograr determinadas metas” (p.165).

Perspectivas teóricas sobre la motivación: La conductista, la humanista y la cognitiva.

De acuerdo con Santrock (2002), existen tres perspectivas fundamentales respecto de la motivación: la conductista, la humanista y la cognitiva. La conductista subraya el papel de las recompensas en la motivación, la humanista en las capacidades del ser humano para desarrollarse y la cognitiva enfatiza en el poder del pensamiento.

Perspectiva conductual

Esta perspectiva señala que las recompensas externas y los castigos son centrales en la determinación de la motivación de las personas (Santrock, 2002). Las recompensas son eventos positivos o negativos que pueden motivar el comportamiento. Los que están de acuerdo con el empleo de incentivos recalcan que agregan interés y motivación a la conducta, dirigen la atención hacia comportamientos adecuados y la distancian de aquellos considerados inapropiados.

Perspectiva humanista

La perspectiva humanista enfatiza en la capacidad de la persona para lograr su crecimiento, sus características positivas y la libertad para elegir su destino. Dentro de esta perspectiva se ubica la Teoría de las necesidades. Una de las teorías más conocidas sobre la motivación es la de la Jerarquía de las necesidades propuesta por Abraham H. Maslow, quien concibió las necesidades humanas ordenadas según una jerarquía donde unas son prioritarias y solo cuando estas están cubiertas, se puede ascender a necesidades de orden superior. Una vez satisfechas una serie de necesidades, estas dejan de fungir como motivadores.

Perspectivas cognitivas

Las teorías cognitivas enfatizan que lo que la persona piensa sobre lo que puede ocurrir es importante para determinar lo que efectivamente sucede. El sistema cognitivo es el que recibe y envía información a los otros sistemas: afectivo, comporta mental y fisiológico, y regula el comportamiento de estos poniendo en marcha o inhibiendo ciertas respuestas en función del significado que le da a la información de que dispone. De esta forma, las ideas, creencias y opiniones que tenga la persona sobre sí y sobre sus habilidades determinan el tipo y la duración del esfuerzo que realiza y, por tanto, el resultado de sus acciones. Esas tesis son compartidas por Santrock (2002), quien indica que, “de acuerdo con la perspectiva cognitiva, los pensamientos, en el caso concreto de la persona estudiante, guían su motivación”.

Motivaciones intrínseca y extrínseca en estudiantes

Ajello (2003) señala que “la motivación intrínseca se refiere a aquellas situaciones donde la persona realiza actividades por el gusto de hacerlas, independientemente de si obtiene un reconocimiento o no. La motivación extrínseca, por su parte, obedece a situaciones donde la persona se implica en actividades principalmente con fines instrumentales o por motivos externos a la actividad misma, como podría ser obtener una recompensa”.

Actualmente, se puede observar que los profesores encuentran en sus aulas un gran número de estudiantes con un elevado grado de desinterés y por ende un bajo rendimiento, esto puede ser interpretado por los profesores de diferentes perspectivas. Algunos pueden considerar que el contexto familiar y social no favorece a la motivación de los estudiantes porque éstos no ven que se valore el esfuerzo y la adquisición de capacidades y competencias. El hecho de atribuir la responsabilidad de la baja motivación a las actitudes personales con que los estudiantes acuden a las universidades y a factores externos a ella, provoca que muchos profesores piensen que tienen muchas dificultades para hacer frente a un contexto que favorece poco el aprendizaje y eso, finalmente, se termina reflejando en una baja autoestima profesional.

En esta investigación, se observa la realidad sobre la falta de motivación de los estudiantes que se están formando en economía y que vienen manifestando, a través de su comportamiento una ausencia de expectativas de éxito, falta de incentivos para el estudio, aburrimiento, apatía, decepción constante, disminución de la propia autoestima, relaciones interpersonales insatisfactorias, afectividad maltrecha, actitudes negativas hacia la universidad y el aprender, problemas familiares y económicos, son estas las consecuencias y el panorama que propician el desarrollo de esta investigación, relacionada al tema de la falta de motivación educativa de los estudiantes de economía.

La desmotivación para el estudio y la asunción de normas son actitudes sociales que hunden sus raíces en procesos psicológicos nada fáciles de explicar, porque a su vez éstos se apoyan en otros procesos de los que la cultura educativa no ha sido, tradicionalmente, muy consciente. Atender a las explicaciones del profesor, tratar de comprender contenidos académicos que están casi siempre por encima de lo que la atención del estudiante puede captar sin esfuerzo, estudiar y resolver conflictos cognitivos requiere un esfuerzo intelectual que significa dominar, al mismo tiempo, muchas cosas.

En relación a la dimensión epistemológica la cual abarca los fundamentos y métodos del conocimiento científico, en este trabajo de investigación se busca el desarrollo del paradigma interpretativo, ya que el mismo permitirá reconocer la fusión de horizontes entre lo vivido y su significado.

Dentro de la perspectiva fenomenológica, Heidegger concibe al mundo como pre existente como dado; el sujeto cognoscente debe comprenderlo y actuar sobre él: hombre, sentido y mundo conforman una unidad inseparable, es la identidad sujeto-objeto. Para la propuesta filosófica heideggeriana el ser es temporal, significativo e histórico. En estas tres condiciones se concentra ideas que nutren el trabajo interpretativo de esta investigación social. De igual forma esta investigación se centra en las ideas de Edmund Husserl, el padre de la fenomenología, el cual establece que la fenomenología es considerada como una parte o ciencia de la filosofía que deriva del griego "apariencia" y "tratado", cuyo estudio se fundamenta en los fenómenos, o esencia de las cosas, es decir, la relación que existe entre los hechos o fenómenos y el ámbito donde se hace presente esa realidad como lo es la psiquis o la conciencia. Este proceso fue creado por Edmund Husserl en donde la característica primordial es "ir a las cosas mismas".

Con respecto a la dimensión axiológica de esta investigación, entendiendo a la axiología como una ciencia que estudia los valores y reconociendo que no existe proceso de educación sin referencia a los valores ya que si se educa es precisamente porque deseamos conseguir unos valores. A través de la educación se puede contribuir a la formación de valores en el estudiante universitario. En tal sentido, a través del desarrollo de esta investigación se pretende impulsar a través de la motivación valores como: el sentido de pertenencia, participación ciudadana, responsabilidad, que el educando llegue a tener adecuadas ideas y comportamientos sociales, estéticos, ideológicos, morales lo cual supone que el mismo acepte, cultive y participe activamente en los correspondientes valores; ya que al final del proceso educativo esperamos que los estudiantes sean más valiosos, alcanzado en su formación como futuros profesionales nuevos ámbitos valorables.

En relación a la dimensión ontológica de este trabajo de investigación, se busca comprender la realidad de este ser humano que es el estudiante universitario, motivándolo en su proceso de formación en economía, para que este logre tener seguridad de sí mismo y una visión de futuro a través del conocimiento, además se persigue que el estudiante universitario asuma la responsabilidad de su propia formación, que demuestre ser ético en todas sus actuaciones presentes y futuras, que este sea participativo, abierto al cambio, creador e innovador, que practique la solidaridad, que forme parte de la solución de los problemas que afectan su contexto, que demuestre y asuma compromisos consigo mismo y en la relación con los demás, que maneje una actitud positiva frente a la vida.

La motivación es la fuerza que nos mueve a realizar actividades. Estamos motivados cuando tenemos la voluntad de hacer algo y, además, somos capaces de perseverar en el esfuerzo que ese algo requiera durante el tiempo necesario para conseguir el objetivo que nos hayamos propuesto.

Si nos trasladamos al contexto educativo y consideramos el carácter intencional de la conducta humana, parece bastante evidente que las actitudes, percepciones, expectativas y representaciones que tenga el estudiante de sí mismo, de la tarea a realizar, y de las metas que pretende alcanzar, constituyen factores de primer orden que guían y dirigen la conducta del estudiante. Pero para realizar un estudio completo e integrador de la motivación, no sólo debemos tener en cuenta estas variables personales e internas sino también aquellas otras externas, procedentes del contexto en el que se desenvuelven los estudiantes, que los están influyendo y con los que interactúan.

La Universidad, además de un escenario de instrucción debe formar la personalidad individual y social de sus protagonistas y agentes. Debe prevenir conflictos, tarea de carácter interdisciplinar en la que estarían involucradas todas las instituciones de protección social. El éxito académico, el reconocimiento del esfuerzo del estudiante constituye un medio para lograr la motivación y evitar la conflictividad. El fracaso académico alimenta la sensación de fracaso general que conduce al rechazo de las tareas, al aburrimiento ante las iniciativas del profesorado. En los últimos años y como consecuencia de la visibilidad de los conflictos internos y externos se va comprendiendo que la vida en común necesita unas normas, una regulación a la que es imprescindible dedicar tiempo, trabajo profesional y atención social.

En una sociedad cada vez más competitiva, no resulta extraño que algunas personas sientan desmotivación hacia su carrera. La ansiedad de esta exigencia puede generar desconfianza en las propias habilidades, baja autoestima, cierta desorganización en el día a día, actitudes negativas y baja tolerancia a la frustración. Al combinarse, pueden desembocar en un pobre aprendizaje de los contenidos de la carrera elegida o incluso en el abandono de la universidad.

La desmotivación, por presentarse en un momento trascendental de la vida, también se refleja en la exacerbada preocupación por el futuro profesional, en confusión ante las metas personales, en la dificultad para cumplir objetivos y en la poca claridad para la elaboración de un proyecto de vida.

En ese sentido, para que el estudiante se sienta motivado por aprender unos contenidos de forma significativa es necesario tener mucho cuidado en la manera cómo se le presenta la situación de aprendizaje, en lo atractiva e interesante que pueda resultar, en la utilidad evidente que ésta tenga, etc. Todo ello para conseguir que el estudiante se involucre activamente en un proceso de construcción de significados que le demandará esfuerzo, energía y persistencia.


Referencias Bibliográficas


Ajello, A. M. (2003). La motivación para aprender. En C. Pontecorvo (Coord.), Manual de psicología de la educación (pp. 251-271). España: Popular.
Bisquerra, R. (2000). Educación emocional y bienestar. Barcelona: CISSPRAXIS. (p.165).
Heidegger, Martin (2000). Los Problemas Fundamentales de la Fenomenología. Editorial: Trotta.
Husserl, Edmund (1992). Invitación a la Fenomenología. Introducción de Reyes Mate. Editorial: Paidos Ibérica.
Santrock, J. (2002). Psicología de la educación. México: Mc Graw-Hill. (p. 432).