Autora: Dra. Irma López Moreno

 

RESUMEN
El presente artículo pretende desde la perspectiva de la obra de Baumanni en su replanteamiento de la noción de identidad nacional, étnica y religiosa como cultura, construir un análisis crítico que persigue explicar para el caso latinoamericano como estas naciones, se ven inmersas en un escenario estratégico – el Estado-nación y su dominante cultura cívica-manejadas por elites gubernamentales quienes alienando sobre territorios y sociedades, instrumentan una moderna forma de conquista bajo el concepto de libre cambio globalizado a través del comercio mundial. Se visualiza el Estado-nación como mecanismo “legitimo” de acción política, que impone reglas y patrones de pensamiento y acción, recibidos y utilizados por las naciones colonizadas como si fueran propios, es decir “un “orden civilizado” por medio de la sumisión cultural, trastocando los valores propios de la identidad cultural.
Descriptores: Estado-nación, identidad cultural, Estado, etnia, religión.

INTRODUCCION
Desde la perspectiva de la obra de Baumann en su estudio de un enfoque de la cultura, vista está desde una perspectiva con fundamento en el replanteamiento de las identidades nacionales, étnicas y religiosas que buscan resolver un Estado de justicia e igualdad a través de un pensamiento multicultural, se desarrolla el siguiente artículo que pretende un análisis crítico desde lo político, lo religioso y lo étnico, basado en esos presupuestos epistemológicos, señalando cómo el sistema Estado-nación configuro a través de una estrategia, una nueva forma idealizada de cultura “la superétnia” partiendo del Estado.

Los debates sobre las estructuras sociales enmarcadas en temas como la identidad y la cultura ameritan  establecer cómo se proyecta este fenómeno sobre América Latina, en virtud de los nuevos eventos geopolíticos y socioeconómicos que se vienen desarrollando a finales del siglo XX y principios del siglo XXI. En ese sentido se puede señalar que dichos debates en el ámbito de la sociología cobra relevancia como hecho social debido a su proceso histórico transformador con la teoría de la modernidad, lo planteado por la CEPAL y la teoría de la dependencia.

Se evidencia para América Latina, en la última década un profundo crecimiento del proceso de modernización cultural, a través de los medios de comunicación en masas, que desde fuera del territorio o representados en empresas trasnacionales ajustan su producción a estándares producto de un proceso de globalización, con la respectiva internacionalización de las formas de consumo y estilos de vida.

Paralelamente se han ampliado las formas de exclusión social signadas como “nuevapobreza” (Bauman, 1998). El Estado-nación surge producto de necesidades económicas y geopolíticas de la primera Europa moderna con su estrategia de conquista de territorios de dominación y control del mundo, aunado a la visión imperialista de los gobiernos de Estados Unidos quienes interpretando una visión distinta al colonialismo proyectan una estrategia de intercambio comercial para configurar el orden mundial. Tal escenario implico desde una óptica de injusticia ética y económica el surgimiento de minorías excluidas y la sustitución de una identidad cultural que reclama hoy por hoy, desde su posición, a un Estado omnipotente que impone con todo el poder de su estructura un lineamiento cultural. Cabe destacar como las estructuras de este hecho social denominado Estado-nación, rediseñado por grupos que a nuestro juicio pudiéramos considerar como un elemento más, dentro del triángulo multicultural, representado por los líderes de los sistemas gubernamentales que se hacen del poder en el llamado Estado, evidenciándose con la lectura, que el manejo y administración del mismo, como diseño programático, han tenido efectivamente influencia sobre la fijación y carácter en el comportamiento del individuo como sistema de nación impuesta desde lo conceptual a lo práctico.

El Estado-nación plantea dentro de su estructura etnocentrista, privar la naturaleza propia de las libertades y deseos otorgada desde su origen a los ciudadanos, a través de un proceso de transformación “subliminal”. Se superpone en consecuencia una clasificación del orden, una configuración del mundo a través de ese Estado- nación, cultura impuesta por grupos de poder, que dominan sobre territorios y sus elementos miembros – sociedades – ancestralmente organizadas; creando desde sus propios criterios e intereses sociedades sujetas a la explotación y servidumbre.

Esto se coloca de relieve cuando se concatena la idea del contrato social como un mecanismo para establecer a través de este; los denominados derechos civiles, que a su vez implicaba la renuncia de ciertos derechos ante el Estado, y obteniéndose como contrapartida otros derechos específicos, es decir las personas naturales se unen a un Estado y renuncian a derechos naturales; al convertirse en ciudadanos obtienen a cambio derechos civiles. De este modo al Estado que configuraba una posición de supremacía se le reduce a la categoría de socio. Para ese momento el establecimiento de esos derechos civiles no garantizaba per se la no discriminación por razones étnicas o religiosas, manifestándose tal praxis en la generación de diversas clases de ciudadanía que conllevó al establecimiento de categorías de ciudadanos; pudiéndose observar en la practica el caso de los inmigrantes ilegales o el de los ciudadanos que residen por mucho tiempo en una nación y no son tratados con igualdad. Los derechos civiles, siendo uno de los compromisos más consagrados de las democracias modernas, no han podido superar en el tiempo las desigualdades producto de las categorías de etnia o religión.

Baumann señala que indudablemente se conformó una brecha entre la definición de los derechos civiles y los derechos comunitarios representados por los grupos étnicos y religiosos que buscan su participación igualitaria en esa superestructura. Al margen de que el Estado garantizaba los derechos civiles a los ciudadanos; paradójicamente existían niveles de discriminación por razones étnicas y religiosas que tales derechos civiles no logro resolver adquiriendo vigencia la necesaria organización para establecer los derechos comunitarios, es decir a través de esos derechos comunitarios obtener la verdadera conquista de los derechos civiles.

Habría que destacar que los derechos comunitarios se diferencian de los derechos civiles en los limites que marcan, dando especial atención al hecho de que la lucha por la igualdad se fundamenta en la identidad de un grupo en particular, esta identidad manifestada en dos criterios; la etnia o la religión, podría generar una fuerza política en relación con el Estado-nación, es decir para las “elites dominantes” que forman parte de ese Estado-nación los derechos comunitarios son inversamente proporcionales a los intereses políticos representados por las elites.

La lucha por los derechos civiles aparecieron a través de los conflictos mundiales en referencia a la noción de igualdad en un marco de igualdades étnicas, culturales o religiosas que dieron lugar al florecimiento de sentimientos y pasiones que fijaron conductas de liderazgo para enfrentar el reclamo de dichos derechos en múltiples conflictos por todo el globo, en el mundo occidental a mediados del siglo pasado.

Debe destacarse la fuerza de la corriente del movimiento racial en defensa a los derechos civiles de la raza negra, protagonizada por el liderazgo de Martin Luther King, quien bajo un discurso centrado en sus sueños dejo planteado un sentimiento sobre las generaciones. La reflexión que hace Luther King sobre “...un futuro sin discriminaciones étnicas o cultural” (p. 14) dio lugar a un fenómeno programático para los próximos cincuenta años. Una revisión de los aspectos y desarrollos sobre los acontecimientos en torno a este evento histórico y su liderazgo está caracterizada por un movimiento en defensa de los derechos civiles, es decir basada en una ciudadanía igualitaria e individual. Este fenómeno dio lugar a dos transformaciones importantes: la creación de otros movimientos que partiendo desde los planteados derechos civiles ciudadanos con independencia de raza, color, culto, religioso o cultura buscaban una conversión de derechos definidos, como derechos étnicos con esencia de los afroamericanos como comunidad, es decir la conversión de derechos civiles individuales por derechos colectivos comunitarios; de igual forma como segunda transformación se intentaba convertir derechos étnicos por derechos que dieran característica de una comunidad religiosa; ambos intentos de transformación se vieron afectados por factores internos y externos. En lo que respecta a los factores externos la intolerancia de las elites políticas y gubernamentales sobre la desigualdad por motivos religiosos, encontraron en el desarrollo de derechos comunitarios una forma “política” de consolidarse, generando riesgo a la estructura concebida de Estado-nación; esto de alguna manera abonó el camino para que se dieran los debates y estudios que conforman hoy el contexto de la sociedad multicultural y su influencia de origen sobre el resto del continente.

En el desarrollo de lo que se pretende reflejar debe destacarse la importancia que tiene la cultura en sus diferentes formas de identidad llámese nacional, étnica o religiosa; de allí que Baumann las define como el "triangulo multicultural" y las analiza en sus tres polos: el estado como cultura, la cultura como identidad étnica y la religión.

El primer polo es el Estado, llamado estado moderno o Estado-nación occidental representado por la elite gubernamental y sus medios de control en general sobre la cultura cívica aunado al hegemónico poder comunicacional. Estados Unidos en su habilidad de aprovechar las grandes oportunidades estratégicas impone un nuevo orden de Estado-nación como última entidad de darle forma de organización al mundo y sus territorios con la velada de garantizar intereses, pues con una posición distinta al colonialismo de los imperios europeos, con su derroche producto de guerras que los mantenía en un "punto muerto". Los gobiernos norteamericanos con su estratégica participación en la primera y segunda guerra mundial imponen el nuevo orden de imperialismo con el concepto de "libre cambio globalizado del comercio mundial" definiendo a este modelo como soberanía de cada estado, una doctrina de avance y expansión económica dominante sobre los territorios y sus sociedades con el uso legitimo de la fuerza coercitiva "el estado es el único que declara las guerras y redacta los tratados de paz" (p. 33). Al utilizar este monopolio de la fuerza para proteger, controlar y expandir la actividad económica el Estado podría funcionar o considerarle como el proveedor más racional de bienestar público (Swaan, citado por Baumann, 1999).

Baumann señala que con la aparición de los Estados-nación en occidente, tuvieron que afrontar los límites de la etnicidad, convirtiendo a la nación en una superétnia, así que la nación es postétnica puesto que visualiza las viejas tradiciones como préstamo del pasado.En razón de profundizar y comprender la mística postétnica del Estado moderno como elemento de la cultura planteada por Baumann, y su influencia para establecer un proyecto de dominación a través de esta, Anderson (1983) establece que el Estado moderno debe su éxito a dos actores: La fe en la legitimidad del poder que fundamenta su razón de ser en la sucesión dinástica como garantía hacia el gobierno legítimo; y el poder de la Iglesia. El Estado paso a controlar las escuelas, es decir la escuela se convirtió en la escuela de la nación, centro de control de la conciencia nacional, convirtiendo el programa de estudios en un mecanismo para forjar una conciencia nacional superètnica y religiosa. Cada Estado-nación desarrolló una versión nacional de una nueva religión extendida a nivel mundial:"nacionalismo", la fe en que la propia identidad moral está unida a la identidad nacional de cada uno. De este modo el nacionalismo moldeó hasta los propios idiomas con lo que se intenta ir más allá de una visión nacionalista del mundo. El control de la educación por parte del Estado no solo cambió el contenido de lo que se aprendió sino el idioma en el que estaba expresado. Las escuelas estados-nación convirtieron las lenguas maternas en idiomas nacionales regulados e impuestos por el Estado. El nacionalismo expresado por Anderson (1983) hizo que los miembros de una comunidad empezaran a verse a sí mismos como miembros de una nueva y supuesta comunidad: la nación y su Estado, es decir la nación se concibe como una comunidad. En ese sentido para ser miembro se exige un lazo universal de solidaridad o de hermandad "la fe de una persona en los deberes morales que incumben a la ciudadanía" y que al analizar su eficacia social del nacionalismo o conciencia nacional se produjo el concepto de nación en una superétnia que conllevo categorías étnicas privilegiadas dentro de un Estado, con la discriminación de otras viendo en la práctica su observancia, en donde la burocracia estatal clasifica en grupos y luego las convierte en minorías. Lo anterior, consigue respuesta en una mezcla de poder político y económico y de persuasión simbólica nacional. Se plantea como segundo polo la etnicidadii como sinónimo de identidad cultural se enuncia de ésta una ventaja sobre la del Estado, en virtud de que no se dificulta entender su significado. La etnicidad identifica al ser en sus raíces, una identidad natural ancestralmente encadenada por las tradiciones y costumbres de los grupos sociales. En palabras de Anderson (1983) para referirse a la nación las define como "comunidades imaginadas", en virtud de que aunque se conviertan en naciones- estado la mayoría de sus miembros; nunca se encontrarán, sino que solo podrán imaginar que participan de la misma unidad. Para el caso que nos ocupa, la etnicidad como vértice inmiscuido en un triangulo multicultural persigue una visión si se quiere utópica de un Estado de igualdad entre las diferencias culturales. Se deduce del autor que dicha etnicidad forma parte de una estrategia de acción social, manipulada, dirigida desde una óptica de elites interesadas, ese discurso etnicista, elaborado por las elites nacionalistas cuyo dispositivo de mantenimiento impregna todas las esferas de lo social, es el discurso hegemónico y mayoritario. En ese sentido, esta etnicidad que se crea a través de un proceso de acción social, no es una identidad natural. Este concepto de etnicidad desdibuja la noción de etnia como una categoría de clasificación que identifica a un grupo que esta unificado, en consecuencia representa una forma de colonización que refleja en su interior una relación de fuerzas, en el entendido de que se crea como un elemento técnico para hacer ver que existen diferencias absolutas y naturales.

La religión como cultura en el tercer vértice; se destacan dos razones, una que es percibida como una razón absoluta y la otra que funciona como traslación en las otras formas de influencia de grupos sociales. La religión puede verse como absoluta como si definiera metas y diferencias entre las personas, pues en la sociedad moderna religiosa son bases fijadas en la conciencia producto de poderes que están por encima durante la historia sobre la voluntad humana, Talal Asad citado por Baumann (p.36) expresa que esa definición de religiones el producto histórico de procesos discursivos, que responden a elementos tangibles sobre la distribución del poder y legitimidad, es decir en el Estado-nación la religión fue sustituida por una cultura cuasi religiosa, en donde dicha estructura genera o reproduce su propia religión civil. Se entiende de lo anterior que la nación de cada Estado se constituye en una comunidad imaginaria, una "superétnia" revestida de un carácter moral y el Estado-nación conforma una red de valores y símbolos como si fuese una especie de religión. Refiere el autor que inmerso en esos tres elementos estudiados: El Estado, la etnia y la religión, se encuentra la cultura, como elemento presente en los debates sobre el estado moderno, que por encima de asumir al mundo con su propia cultura basó su contenido en la creación del Estado elevando al grupo étnico o cultural a la nación, pero que detrás de ello se refleja una filosofía del racionalismo y el romanticismo, esta última como una forma de buscar en los sentimientos una base para justificar una acción política.

Se puede interpretar que en el Estado-nación el imán que ejerce la cultura es la fuerza de influencia que va moldeando la conducta de los actores sobre la creación de una nación, la identidad cultural o la diferencia religiosa; y el cual tomó como base el concepto esencialista, fundamentado en un pensamiento cosmopolitaiii. Dicha filosofía parte de la base de dar validez a cada pueblo en un intento de conservación de sus tradiciones y producciones culturales, las cuales fueron llevadas a su mínima expresión por elites culturales. Sumado a ese pensamiento cosmopolita de cultura no se puede obviar los aportes que en esa materia introdujo Franz Boaz citado por Baumann (1999), "herencia colectiva de un grupo es decir como un catalogo de ideas y ejercicio que configuraran la vida y los pensamientos tanto individuales como lo colectivo de todos los miembros" (p.39-40). Este concepto esencialista de la cultura es confiable para su aplicación en este estudio es su alto nivel de credibilidad. Un ejemplo a considerar es lo evidente que en cada grupo cultural se observan caracteres constantes en rasgos, gustos, estilos y hábitos en lo que sus respectivos miembros han seguido conservando. En efecto esa actitud conservadora de cultivar la cultura es lo que confiere a ese concepto existencialista la confiablidad y credibilidad. Se parte de la base en una postura más conservadora que la cultura localiza viejas costumbres en nuevos contextos modificando las importancia de esos hábitos "si dejaran de crearla y recrearla, la cultura dejaría de existir, pues toda creación cultura, es también recreación" (p.40).

Las consideraciones anteriores, abrió el compas sobre la realidad de identidad latinoamericana, dando lugar a conquistas de nuevos escenarios. En el caso particular por citar un ejemplo de las ideologías indigenistas, muy bien señalado por Baud y colaboradores (1996) orienta un nuevo discurso. Baud estudioso del término indigenista en estados de Latinoamérica y del Caribe fundamentado en trabajos de sociólogos, destaca las influencias mutuas existentes entre ambos ciudadanos, eliminando en consecuencia las polaridades. Cabe destacar que los activistas del indigenismo encuentran una forma de discurso en nombre de los explotados y excluidos, diferenciándose lo siguiente: En la década de los ochenta, el pueblo indígena se identifico a sí mismo, cuando hablaron como indigenistas; surge los neo indigenistas como activistas étnicos; logran cambiar el discurso de los gobiernos de Estado-nación y acentúan la autonomía y dan validez de las múltiples culturas indígenas, estableciendo el respeto a las diferencias, establecen la participación como medio de expresión en el proceso de toma de decisiones y el desarrollo de la integración rural, se logra que los gobiernos propongan el reconocimiento de las organizaciones indígenas como interlocutores de privilegio y se da en consecuencia el respeto a la nación multicultural.

De modo que esa configuración de Estado-nación, repercute recursivamente en su aplicación a la región latina; si se observa desde la óptica de la cultura de la religión, se podría citar a Anderson y Belall citado por Baumann (1999, p. 62-63), que destacan que el Estado tiende a ser secularista, adoptando una posición racionalista, es decir el Estado hace abstracción de la religión con el objeto de imponer todo el peso de su monopolio al margen de la misma, por lo que el Estado, desde esta perspectiva, no es ni étnica ni religiosamente neutral. Esta forma de dominación se instaura estableciendo formas de suprimir las culturas religiosas autóctonas siendo en consecuencia excluyentes, derivándose de tales prácticas el surgimiento de nuevas minorías excluidas; y desarrollando mecanismos discriminatorios que impiden su acceso a las elites del poder establecido. De lo anterior se desprende que los conflictos de la identidad cultural están vinculados  través de un proceso histórico a la "dialéctica de la negación del otro", desde sus orígenes, donde la diferencia se constituye en el eje del poder, la disciplina y la expropiación, y la periferia queda reducida a la barbarie, el "Superyó" ejerce sobrepeso en la cultura (Mires, p.219), colocando en el debate las diferencias culturales del Estado-nación, y con él los derechos de la identidad y el reconocimiento de las "minorías" respecto de las "mayorías". Otra forma de negación del otro fue la aculturación de las etnias, toda vez que se niega su propio universo simbólico, desarrollando en el imaginario un esquema de disciplina en el trabajo productivo, la ideología del Estado-Nación, el espíritu racionalista y una lengua única (Hopenhayn, 2002), trayendo la exclusión social que aún se perpetúa y con ello los peores indicadores socio-económicos que se reflejan en una extrema pobreza. Esta negación del otro como afirmación de la identidad propia, que resulta de la comparación de su propia singularidad con la individualidad distintiva de otros grupos sociales.

Con ello queremos significar que Latinoamérica, para la configuración del mundo, es la resultante, de un recorte mas del continente, al cual está circunscrito, en otras palabras representó un espacio y un tiempo, en donde esa visión fragmentada y reduccionista representó para la región convertirse en una de las más desfavorecidas, con el presupuesto negativo de pagar la deuda durante cuatrocientos años. Resulta interesante acotar lo dicho por Morín (1981) con respecto a una visión fragmentaria, el cual señala que resulta imposible para el conocimiento del mundo natural como del histórico y social, reducir nuestra visión, sin incluirnos, es decir considerar al sujeto mismo considerando ese mundo, porque aleja el sujeto que lo observa, creando una falsa racionalidad en torno al desarrollo y al progreso (Ramírez, 2001).

En base a los planteamientos, el Estado-nación es por esencia un Estado de coacción, impuesto por una minoría, donde el poder protegido y sellado por la religión le embiste de un carácter de legitimidad. El Estado-nación no es perfecto, porque es un constructo humano, concebido como accionar político dentro de los colectivos humanos, con un elevado componente de idealismo por su concepción pragmática de "ser el medio fundamental" para que una minoría dominante, ejerciera el control social estableciendo su eje de dominación sobre la mayoría. En consecuencia el carácter crítico que debemos asumir nos obliga a revisar permanentemente el Estado-nación, criticarlo, y reflexionar sobre el nihilismo que plantea Nietzsche como posibilidad de liberación.

Referencias Bibliográficas

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i  Gerd Baumann. El Enigma Multicultural. 1999. El autor desarrolla un replanteamiento de las identidades
nacionales, étnicas y religiosas con un enfoque triangular, cuyo centro lo constituye la cultura como elemento
clave en los debates sobre la creación de una nación, la etnicidad y la religión.

ii La etnicidad refiere a la cultura de los grupos étnicos en tanto a usos y costumbres, y la etnia refiere a la
nación o pueblo con definiciones comunes de raza, lengua o cultura. Se deduce que la etnicidad se configura
como una práctica cultural o perspectiva de un grupo étnico.

iii Pensamiento filosófico introducido por Gottfried Herder y colaboradores (1800). Se opone a la idea ilustrada
de la razón, en virtud de la concepción del hombre como un todo, sin fragmentación. “La humanidad no tiene
una forma única...y sus culturas se han producido en una época determinada, tiene un valor y el historiador
debe comprenderla en sus propios límites”.