Autor: PhD. José Rafael Zaá Méndez

 

 

 

La búsqueda del conocimiento es una actividad inmanente al hombre que lo apasiona y le da sentido a su existencia. 
José R. Zaá M (Nueva Narratividad Científica)
La nueva red epistémica del conocimiento se está tejiendo con el constante devenir del pensamiento y de la investigación, en el contexto de un mundo entrópico, multidimensional y complejo, configurado por el nuevo paradigma de la ciencia. 
José R. Zaá M. (Nueva Narratividad Científica)

 

A manera de Introducción

La modernidad parió un híbrido entre la racionalidad instrumental, el sueño del progreso ilimitado y una máquina-mundo mecánica controlada por la ciencia, que configuró un discurso producto de la filosofía positivista y su método científico, basado en las posturas racionalista cartesiana-kantiana y empirista comtiana, lockiana y Humana. Este discurso científico de la modernidad se caracteriza por un lenguaje compuesto de una madeja de términos matemáticos, lleno de fórmulas físicas, explicaciones puntuales y esquemáticas acerca de relaciones de causa-efecto, donde se observan expresiones asépticas, que pretenden mostrar la secular dualidad entre sujeto-objeto, y ubicar el lugar desde el cual habla un sujeto constructor de ontologías mediante expresiones “no contaminadas”. 

Este discurso verificacionista, cuantitativo y simplificador, que busca la rigurosidad científica reflejada en el sueño de la predicción, la confiabilidad y validez del conocimiento construido, tiende a evaporarse, pues, sus más connotadas y ponderadas estructuras y reglas están en entredicho, como por ejemplo, el concepto de objetividad, la pertinencia de las definiciones, la racionalidad de un método reduccionista y esquemático, y la vigencia de su enfoque paradigmático que filtra datos desmejorando así la posibilidad de encontrar relaciones inesperadas en el gran entramado de la realidad.

Hemos estado dominados por un discurso tautológico, calificativo, referencial y explicativo de investigaciones cuantitativas orientadas a la construcción de teorías científicas para predecir el comportamiento de fenómenos y resolver problemas; pero este propósito no se ha logrado, porque el momento histórico que vivimos y la aspiración humana hacia lo trascendente han rebasado esta aspiración; la promesa de un mundo sin problemas, pletórico de confort y bienestar total hecha por la ciencia de la modernidad no se ha cumplido.

Este discurso que se expresa bajo los métodos, inductivo-concreto, deductivo-abstracto, y en fin, aquellos de fisonomía medicionista, con los que se estudian algunas variables de la realidad, manteniendo otros factores inalterables o en condiciones normales, presenta evidentes limitaciones para internarse en los más profundos parajes de un campo unificado de posibilidades de la realidad, como lo sugiere la física cuántica.

La teleología de este discurso que trata de comprobar o rechazar hipótesis sobre las cuales hay una fundamentación teórica, que se pretende contrastar con los hechos de la realidad, sacrifica la ontología y las vivencias propias de la metafísica conciencial y trascendente del ser humano, vale decir, su propia identidad existencialista.

Hoy viajamos en el pensamiento y la imaginación vívida hacia objetos inconmensurables, no aprehensibles bajo modelos no cuantitativos, inspiracionales; objetos solo concebibles y cognoscibles por las posibilidades de nuestra conciencia fenomenológica. Se esfumaron los datos exactos y verificables.

El discurso referencial supeditado a la tradición positivista como concepción heredada y la obsesión cientista y metodológica, orientada hacia la búsqueda de objetividad, como bien dijera Nietzsche, ha muerto, abriendo el camino para una nueva aspiración al saber filosófico. Tendremos ahora filósofos creativos de la ciencia y no predicadores del saber científico, espacio de pensamiento en el cual se incorporan los poetas con su original forma de expresión, los pintores con sus lienzos, arquitectos con sus catedrales llenas de un heterodoxo saber, los escultores con sus nuevos mensajes mediante formas humanas entrelazadas con la naturaleza, los músicos con sus páginas surcando los más profundos arpegios de la sensibilidad humana a través de sus miélicas notas en pentagramas imperecederos; y quienes haciendo ejercicio de la sagrada imaginación del ser, crean formas novedosas de exponer, interpretar y comunicar su mundo.

Aquella serie de términos que configuran un código lingüístico particular al cual tienen acceso solo una élite científica quedarán para la historia de la ciencia y serán la expresión de la antigua forma cómo nuestros maestros se equivocaban, cediendo el paso a nuevas formas expresivas, nuevos sistemas de señales, sorprendentes, deslumbrantes, estimulantes, inimaginables.

Muere el dualismo sujeto-objeto en la construcción de conocimientos y el sujeto entra en el lienzo que él mismo pinta. Es la omnisciencia la que da sus primeros pasos con la promesa de rescatar o crear formas de ser felices. Corpus et Mens pasan a ser estructuras que se entremezclan con las múltiples dimensiones propuestas por la física cuántica. Se aleja el mundo de las certezas y entramos triunfantes en el estimulante universo de la incertidumbre.

Aparece en el horizonte del humano saber la posibilidad de un mundo heracliteano, no parmenídeo donde todo se hace y se deshace permanentemente, trayendo consigo la posibilidad de construir conocimientos producto de nuestra disolución en el mágico murmullo de nuestro propio pensamiento, generador de relatos, como bien lo expresara Nietzsche y lo reafirmara Rorty cuando decía: “No hay un último poema, no hay un final del proceso, el sentido no puede descubrirse, sino inventarse”.

La muerte de los referentes del discurso de la modernidad quiebra los horizontes del saber y hace germinar la semilla de una aurora, de un renacer, en una penumbra que precede a los lebrunos de la mañana con la alegría de una nueva promesa para el ser humano, una ciencia para la felicidad. Se aleja la cobriza tarde de la ciencia signada por la hierática estructura de la razón y de la sensación, y emerge en el horizonte la fresca aurora del conocimiento trascendente; no hay nada más parecido a un oscurecer que un amanecer.

Como respuesta a este alejamiento del discurso científico de la modernidad emerge una epistemología caracterizada por la narratividad del conocimiento que se sustenta en corrientes filosóficas postmodernas, como la filosofía de los relatos de Nietzsche, la hermenéutica de Gadamer, la filosofía del lenguaje de Ricoeur y Foucault, donde encuentran asidero las nuevas metáforas del saber humanizante construidas desde lo vital.
En esta nueva narratividad de la ciencia se produce un abandono del radicalismo kantiano expresado en la crítica de la razón pura y en la crítica de la razón práctica, en las que se apoyó Comte para construir el método científico de la modernidad; y como consecuencia de ese alejamiento, se asumen expresiones mucho más abiertas y llenas de sentidos construidas desde lo sensible. Se observa una vuelta a posturas filosóficas cosmogónicas, socráticas, platónicas y peripatéticas, que utilizan recursos tales como: los mitos, alegorías y figuras del lenguaje para explicar los nuevos objetos de conocimiento.

Esta nueva narratividad científica tiende su mirada hacia el uso de métodos basados en la filosofía postmoderna, como la teoría crítica, el círculo hermenéutico, la teoría analítica, el interaccionismo simbólico y la teoría de la acción comunicativa, por mencionar algunos.

Entre los paradigmas que orientan esta nueva narratividad aparecen, la complejidad de Edgar Morín, el ecologismo o biologisismo de Maturana y Varela, una vuelta a los presocráticos generadores de mitos para aplicaciones científicas, el holismo metodológico y los programas de investigación de Lakatos, entre otros.

Estas posturas coadyuvantes de la nueva narratividad científica se apoyan en sistemas epistemológicos como la fenomenología de Husserl, el existencialismo de Heidegger, la hermenéutica de Gadamer, y en las sorprendentes teorías contemporáneas de la física cuántica, como las teorías del caos, incertidumbre, relatividad y complementariedad. Se vislumbran en el horizonte de la ciencia nuevos retos cuyo abordaje se hará mediante el proceso de construcción de nuevos caminos, hacia un saber y existir del ser humano que trascienda los intereses materiales y de control de la naturaleza. Se observa en el pensamiento filosófico de lo que se ha dado en llamar la postmodernidad una deconstrucción de la gramática de la dominación positivista y a la par la construcción de un nuevo tejido epistemológico de la ciencia y del universo bajo la concepción de una realidad caracterizada por infinitas relaciones que se conectan, combinan y trasladan, y así componen la textura del todo.

Esta nueva realidad formada por multifacéticos escenarios ha sido posible gracias a la incidencia de las obras de Thomas Khun (1962) (La estructura de las Revoluciones Científicas), Stafford Bear y Bertalanffly (1959) (El Modelo Cibernético), que dieron origen a la formación de nuevos paradigmas científicos y al modelo sistémico, respectivamente. De aquellos se alimenta y enriquece la práctica investigativa y la construcción de teoría científica de los últimos años.

Estos cambios paradigmáticos se han acelerados por la significativa participación y contribución de la teleinformática, la cual ha evolucionado con una pasmosa rapidez producto de la aplicación de la teoría de sistemas, el avance de la microelectrónica y la utilización del chip de silicio. Este avance de la ciencia y la tecnología de la información han permitido a la ciencia en general construir nuevas teorías para explicar nuestro universo en expansión.

La ciencia en los albores del Siglo XXI
Vivimos inmersos en una “Sociedad del Conocimiento”. Esta parece ser la Cuarta Ola de la que hablaba Alvin Toffler en sus obras El Cambio de Poder y Las Luchas del Futuro. Quien posea el conocimiento tiene y ejerce el poder. La ciencia es la punta de lanza de este nuevo desafío para el ser humano.

En esta nueva sociedad pugna por instaurarse una nueva razón con base en el nuevo paradigma de la ciencia, la complejidad dialógica, recursiva, autopoiética y hologramática de la realidad, que nos ha permitido observar fenómenos y mensajes ocultos en las dimensiones de la realidad que hasta ahora no habían sido captadas con una visión cartesiana.

Los procesos de investigación que se llevan a cabo en la actualidad se orientan hacia la deconstrucción de la racionalidad esquemática y reduccionista de la modernidad, y hacia el análisis de la pertinencia de metodologías empíricas científicamente legitimadas, para iniciar la reconstrucción de la nueva ciencia con base en la visión compleja de una realidad inexplorada.

Lo anterior nos está conduciendo hacia el cuestionamiento y redimensionamiento de los principios fundamentales de la ciencia con base en los siguientes planteamientos: la objetividad frente al intersubjetividad, la estática frente al dinamismo permanente de los fenómenos, los valores discretos frente a los números borrosos, la cuantificación frente a la explicación, etc.

Hemos entendido y comprendido la transversalidad de la ciencia en un escenario cognitivo de transcomplejidad. Todas las ciencias requieren apoyo desde la periferia científica. Se necesita un lenguaje que permita la sinapsis entre una ciencia y otra, verbi gratia: la Ecología y la Educación. Es obvio que esto enriquece el código lingüístico de ambas ciencias y universaliza, mundializa y globaliza el léxico científico.

 

Construcción del Conocimiento Bajo el Paradigma de la Modernidad

La ciencia se ha venido desarrollando a través de los años sobre la base de la epistemología objetivista cuantitativa reflejada en el abordaje ontológico de magnitudes mensurables, como su objeto particular de estudio. La concepción de ciencia se encuentra supeditada a una gama de aspectos objetivos que configuran el sustento cognitivo y el fundamento teleológico de la praxis científica. Los significados construidos de esta forma imprimen organización, orden y relación a la observación como método de investigación y dan sentido al ejercicio a los hallazgos científicos. Este modelo domina la práctica técnico-científica y se presenta como paradigma que se transmite de generación en generación. Esta lógica constituye la racionalidad particular instaurada de manera explícita y enseñada de modo gradual y progresivo en las universidades, generando un hábito académico-científico, que se incorpora de manera inadvertida a los procesos de construcción de conocimientos y sobre el que se funda la práctica.

La observación le debe mucho a la teoría; es por ello, que antes de abordar el estudio de una realidad, el investigador debería revisar sus enfoques paradigmáticos, sus métodos, sus conceptos, para poder obtener un conocimiento profundo en relación con el objeto de estudio, en orden de que emerja un pensamiento creativo, orientado hacia la búsqueda de conocimientos significativos, sin casarse, ni amarrarse a paradigma alguno, de manera tal que los procesos mentales evolucionen en forma libre, espontánea y dinámica, de acuerdo con la naturaleza y características del objeto de indagación y las condiciones que se presenten durante la misma.

Desde la inauguración de la modernidad con la obra de Descartes y las posturas empiristas inglesas; y especialmente en los últimos tres siglos, el quehacer científico se fundó en las matemáticas de Newton y Leibniz; estas explicaron un mundo lineal, mecánico, caracterizado por la repetición de los fenómenos, su predictibilidad, y sujeción a leyes inmutables. El conocimiento exacto de las leyes del movimiento y de la configuración del universo determinó el avance del conocimiento científico, su lógica y su lenguaje. Pero el aporte más denso a esta forma de construir la ciencia lo hizo Augusto Comte con su Filosofía Positiva que da origen al paradigma objetivista, cuantitativo y reduccionista que hoy se retrae. En la actualidad estamos repensando este enfoque paradigmático porque no responde a visiones complejas de nuestro universo. Según físicos teóricos contemporáneos el universo es mecánico-cuántico, lo que implica que, aún conociendo su estado inicial y las leyes fundamentales de la materia, solo puede concebirse un campo unificado de posibilidades.

La formación de pregrado y postgrado se caracteriza por el hábito de realizar investigaciones bajo el paradigma positivista, pero en una forma mecánica o recetaria de hacer ciencia, sin el suficiente conocimiento epistemológico, puesto que no se manejan las corrientes filosóficas, enfoques paradigmáticos y posturas que rigen los procesos del pensamiento para construir la ciencia.
Un buen seminario de epistemología, podría iniciar a los investigadores en la interpretación del pensamiento positivista y de otros paradigmas emergentes como la complejidad, para poder desarrollar procesos de construcción del conocimiento contable que respondan a una verdadera sociedad del conocimiento en un contexto de incertidumbre.

El paradigma positivista se caracteriza por la búsqueda diagnóstica e investigativa especializada basada en la evidencia y el uso del método de cuantitativo; este paradigma se basa en la filosofía positivista que fundamentó los desarrollos científicos en el entendido de que lo científico es aquello que se puede experimentar, ver, cuantificar, es decir, objetivar. Sin embargo la evolución de las ciencias se ha orientado hacia la interdisciplinaridad facilitando la formación de teorías generales de las ciencias que han conducido a la integración y a la transdisciplinariedad. 
Frente al paradigma de la modernidad insurge la complejidad, enfoque que se originó en un conjunto de conocimientos teóricos producidos en el desarrollo de las ciencias, como por ejemplo, la Teoría de la Relatividad, la Teoría General de Sistemas, la Teoría de la Autoorganización, la Teoría del Caos, la Teoría de la Incertidumbre y la Geometría Fractal. Estos desarrollos científicos contribuyen con el desmontaje de los últimos ladrillos del paradigma de la simplificación y de las visiones lineales.

El pensamiento complejo-dialógico, tiene como punto de partida una concepción de la realidad indeterminada, en el cual el desorden es creador, está presente la no linealidad, el azar, lo incierto, como bien lo dijera Thomas Kuhn en su obra La Estructura de las Revoluciones Científicas. El investigador reconoce lo inacabado del conocimiento, por esta razón busca dialogar con la realidad, sin reglas a preconcebidas. El investigador organiza sus ideas de acuerdo con el momento y las circunstancias de producción del conocimiento. Lo hermenéutico-cualitativo, lo analítico-cuantitativo, lo fenomenológico-interpretativo y lo dialéctico-dinámico se complementan. Este enfoque descansa en tres principios: el principio dialógico, donde los opuestos se vinculan y complementan; la recursividad organizada, donde las causas pueden ser efectos y los efectos pasan a ser causas; el principio hologramático, para el cual el todo está en las partes y las partes están contenidas en el todo. La teleología de este paradigma complejo-dialógico, se orienta a la construcción de conocimientos significativos en los nuevos escenarios cognitivos para los cuales el paradigma de la modernidad se ha agotado.

Pensamiento del Nuevo Paradigma de la Ciencia y Narratividad Científica
Según Fritjof Capra, en el siglo pasado se vivieron tres grandes revoluciones en la ciencia causadas por tres grandes desarrollos científicos. Al comenzar el Siglo XX, Max Planck, mediante el estudio de los microuniversos, inicia la revolución de la física cuántica; posteriormente, Heisenberg postula el principio de indeterminación (Incertidumbre) y con ellos se sacude por primera vez la visión mecanicista del universo desarrollada por pensadores como Descartes, Newton y Bacon. Algunos años más tarde, Einstein, estudiando el macrouniverso, desarrolla la teoría de la relatividad y asesta un segundo golpe a la “máquina-mundo”. A finales del Siglo XX, David Peat y Prigogine, a través de la Teoría del Caos, muestran la posibilidad y necesidad del estudio de lo irregular y único, con lo cual se derrumba el mito de que la ciencia solo tiene como objeto el estudio de las regularidades. La teoría cuántica, la teoría de la relatividad y la teoría del caos, desde las fronteras de la física y la biología, han dado origen a un nuevo paradigma de la ciencia, el cual comporta profundas implicaciones para la ciencia en el contexto de lo que se ha dado en llamar “Sociedad del Conocimiento” para unos, “Sociedad de la Información” para otros, y para muchos pensadores, la “Postmodernidad Científica”. Estos tres desarrollos científicos constituyen una refutación contundente a la idea de que el universo es una máquina, que el mundo natural es un mundo muerto, que el ser humano está separado de su entorno; los mismos representan el derrumbamiento de los últimos ladrillos del discurso objetivista de la modernidad. Esto hace temblar el cuantitativismo, esquematismo y recetismo científico, creando un punto de partida para nuevas formas de concepción de la realidad y explicaciones más profundas, amplias, globales e interconectadas.

Para los físicos del Siglo XX, el punto de partida de la exploración del nuevo paradigma de la ciencia y el ejercicio de la narratividad que comporta, es el conjunto de problemas de nuestro tiempo: peligro de guerra nuclear, devastación del ambiente natural, el hambre y la pobreza crítica, etc, que configuran efectos de una crisis de percepción generada por conceptos y valores de una visión obsoleta del mundo, por un paradigma inadecuado para tratar los problemas de un mundo superpoblado y, globalmente interconectado. A la par, la ciencia de vanguardia está desarrollando una nueva visión y explicación de la realidad que formará las bases de la futura tecnología, los nuevos sistemas económicos y las nuevas instituciones sociales.

El paradigma que ahora se retrae ha modelado un mundo cuya narratividad se compone de ideas y valores que configuran un sistema mecánico formado por conceptos de bloques elementales, el concepto de cuerpo humano como una máquina, el concepto de vida como una lucha competitiva por la existencia, la creencia en un progreso material ilimitado que se alcanza a través del crecimiento tecnológico y económico. Ahora estas suposiciones han entrado en una severa revisión por sus evidentes limitaciones para explicar los fenómenos de hoy.

Frente a este movimiento telúrico en la concepción del mundo insurge un nuevo paradigma que se caracteriza, según lo expresa Fritjof Capra en su obra “El Tao de la Física”, por una conciencia ecológica en un sentido tan profundo que reconoce la interdependencia fundamental de todos los fenómenos y la integración de los individuos y las sociedades en los procesos cíclicos de la naturaleza. Por ello la raíz de esta nueva concepción del mundo fenoménico se halla en una percepción de la realidad que va más allá de la armazón científica y alcanza una conciencia de singularidad de toda vida (subjetividad).

El mismo Fritjof Capra, en una obra titulada “Pertenecer al Universo”, escrita en conjunto con David Steindl-Rast, señala cinco criterios que identifican ese nuevo paradigma de la ciencia y caracterizan su narratividad. Criterios que bien pueden ser aplicados en la construcción de una narratividad contable.

El primer criterio se refiere a la relación entre la parte y el todo. En el paradigma clásico de la ciencia se creía que en cualquier sistema complejo la dinámica del conjunto podía comprenderse por las propiedades de sus partes. En el nuevo paradigma se invierte la relación entre las partes y el conjunto. Las propiedades de las partes solo pueden entenderse por completo a través de la dinámica del conjunto. Las partes de un todo muestran diferentes propiedades dependiendo del conjunto y del contexto. La conciencia de unidad y la interrelación mutua de todas las cosas y acontecimientos, la experiencia de todos los fenómenos como manifestaciones de una unidad básica, la interdependencia, inseparabilidad y transitoriedad de la realidad, son características de la nueva narratividad científica. Este cambio se observó primero en la física cuando se desarrolló la teoría cuántica con la cual ya no se podía utilizar el concepto de parte, tal como átomo o partícula.

El segundo criterio tiene que ver con el cambio de pensamiento en función de la estructura, a un pensamiento en función del proceso. En el antiguo paradigma se creía que había estructuras fundamentales y que existían fuerzas y mecanismos a través de los cuales interactuaban suscitando así los procesos. En el nuevo paradigma se considera a cada estructura como manifestación de un proceso subyacente. Esta opinión de proceso llegó a la física con la teoría de la relatividad. El reconocimiento de que la masa es una forma de energía eliminó de la ciencia el concepto de substancia material, y con ello el de estructura fundamental. Las partículas subatómicas no están hechas de cualquier material, son modelos de energía; la energía está asociada a la actividad, a los procesos, y esto indica la naturaleza dinámica de las partículas, no vemos sustancia alguna, ni estructuras fundamentales. En la física actual la imagen del universo es un conjunto dinámico e interconectado, cuyas partes son esencialmente interdependientes y han de ser narradas y comprendidas como un proceso.

El tercer criterio consiste en un cambio de la ciencia objetiva a la ciencia epistémica. Fue Heisenberg quien señaló que nunca podremos hablar de la naturaleza sin, al mismo tiempo, hablar de nosotros mismos. En el paradigma clásico se pensaba que las descripciones científicas eran objetivas, independientes del observador humano y del proceso de conocimiento. En el nuevo paradigma se cree que la epistemología (comprensión del proceso de conocimiento) ha de ser incluida en la descripción de los fenómenos como un elemento clave en la nueva narratividad científica. La idea de que el proceso de conocimiento es parte integrante de la comprensión de la realidad le da validez a la subjetividad del observador.

El cuarto criterio se refiere a la antigua metáfora del conocimiento como construcción. Los hombres de ciencia hablan de leyes fundamentales, refiriéndose a las bases o elementos fundantes de la construcción del conocimiento. El conocimiento científico debe fundarse sobre cimientos sólidos; por eso hay ecuaciones fundamentales, principios generales, etc. Sin embargo, no siempre se han mantenido estos cimientos. Descartes, por ejemplo, escribió en su obra El Discurso del Método, refiriéndose a la ciencia de su tiempo: “He considerado que nada sólido puede edificarse sobre cimientos tan movedizos”. Y se dispuso a construir una firme lógica científica sobre la base del “Cógito Ergo Sum”; pero trecientos años más después, Einstein, en su autobiografía, hacía este comentario sobre el desarrollo de la física cuántica: “Era como si te quitaran la tierra bajo los pies, sin ver en parte alguna cimientos firmes sobre los que poder construir”. Esta nueva metáfora del conocimiento a modo de tejido (red) sin cimientos firmes incomoda a los científicos, como lo dice Geoffrey Chew en la teoría Bootstrap de partículas. Según esta teoría, la naturaleza no puede quedar reducida a entidades fundamentales. Las cosas existen en virtud de sus mutuas relaciones consistentes, lo que le da existencia a todo el entramado. La naturaleza se ve entonces como una red dinámica de relaciones interconectadas que incluye al observador humano como componente de la integralidad.

Y el quinto criterio del nuevo paradigma consiste en el traslado de la verdad a descripciones aproximadas. El paradigma de la modernidad se basaba en la creencia de que el conocimiento científico era capaz de lograr una certeza absoluta. El nuevo paradigma reconoce que todos los conceptos, teorías y descubrimientos son aproximados. La ciencia jamás puede proporcionar un entendimiento completo y definitivo de la realidad. Los científicos no operan con la verdad, sino con descripciones limitadas y aproximadas. Sobre el particular decía Pasteur, que la ciencia avanza a través de hipotéticas respuestas a una serie de preguntas cada vez más sutiles que se hunden cada vez más en la esencia de los fenómenos naturales.

Como se ve, esta nueva visión paradigmática requiere una nueva forma de observación fenoménica, una narratividad que integre al sujeto en la expresión de la ciencia que se construye y su proceso, su comprensión e interpretación, su enseñanza, análisis, deconstrucción y reconstrucción.
La idea de la narratividad científica se deriva de esta forma de pensar de los físicos de la segunda mitad del Siglo XX, es parte de esa insurgencia paradigmática que incorpora en su aplicación los criterios que acabamos de comentar, pues, sus objetos de estudio, propósito, valores, métodos y principios reflejan esa nueva narratividad producto de los escenarios cognitivos subjetivos creados por los pensadores y constructores del conocimiento en cualquier ámbito de la ciencia.

A Manera de Conclusión

Algunas Ideas Para Seguir Reflexionando
Con base en los planteamientos de Antoni Colom Cañellas y Joan-Carles Melich Sangrá, en una narratividad científica, en primer lugar, se privilegia el lenguaje, interviene la experiencia, hay un intercambio, comprensión e interpretación hermenéutica y se pondera la subjetividad. En segundo lugar, en esa nueva narratividad no existen esencias trascendentales, lo que hay son tradiciones, contexto, relaciones, vivencias, relatos. Por eso la filosofía nos enseña que en una narratividad científica no hay, ni palabra inicial, ni final; lo que existe es una malla de relaciones diversas inconmensurable, donde los límites del mundo son los límites de nuestro lenguaje como bien lo dijera Ludwig Wittgestein. 
Esta nueva narratividad le dice adiós a los principios, al conocimiento hecho a base de referentes, a las normas absolutas y definitivas; más bien se aprovecha de lo contingente, inscrito en un orden simbólico, cultural, histórico o institucional que no ha sido elegido. Aquí todo final es un comienzo, todo término se convierte en un nuevo principio, toda palabra final es una palabra inicial.

En tercer lugar, una ciencia narrativa es una ciencia subversiva, es, en definitiva, un peligro para cualquier orden institucional que se cree definitivo. Los científicos saben que todo orden institucional es una metáfora de poder, toda institución expresa un orden del discurso que se impone de maneras distintas. La nueva narratividad científica es perturbadora, como decía Kafka, de quienes quieren perdurar en un status.
En cuarto lugar, una narratividad científica no tiene la pretensión de neutralidad, ni de imparcialidad, ni de objetividad. La objetividad se ha evaporado como lo decía Heisenberg. Esta nueva narratividad está atenta a todos los sucesos, a cualquier acontecimiento aún cuando sea inesperado, que irrumpen y transforman la vida organizacional cotidiana.

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* Licenciado en Filosofía, Licenciado en Contaduría Pública, Licenciado en Administración Pública, Magister en Finanzas, Doctor en ciencias Administrativas, Doctor en Ciencias de la Educación, Postdoctorado en Filosofía de la Ciencia. Miembro del Comité de Ética de la Federación de Colegios de Contadores Públicos de Venezuela. Profesor de Epistemología en los Programas Doctorales de la Universidad Nacional Experimental Rómulo Gallegos (UNERG), Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez (UNESR), Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada Venezolana (UNEFA) y Universidad de los Andes (ULA). Coordinador del Postdoctorado en Filosofía de la Ciencia en la UNERG.